Foto de Milada Vigerova en Unsplash
La trasendencia de sentimientos a realidades superfluas y vagas como aquel tren que perdí cuando miraba un destino distinto. La elocuencia de mi andar es indescifrable a pesar de que yo descifro perfectamente lo posterior a mi origen. Las voces en mis sueños me dictan las congruencias certeras de mi comportamiento, como un profesor de mi linaje ancestral diciéndome todo lo que debo ejecutar para el bien del mundo, es un camino arduo pero seguro. Me encanta conectar con humanos, y yo soy una, siempre lo seré, querré ser ave sólo cuando esté preparada para una ligera y corta vida. Sencilla como el viento, como mi signo de esta vida, Acuario, de aire y agua en ciertas tonalidades de su gran dimensión. Suelo sentirme conectada a otros con emociones seguras, a veces devariantes como notas musicales desordenadas, que orquestan en el aire sonidos muy estresantes, a veces conecto con tantas personas iguales a mi esencia que el valle de flores que nace en mi hogar se hace cada vez más grande, y el deseo de no marchitar ninguna de mis preciadas flores es mi mayor deseo. Soy bastante dura con los que más amo, incluso con quienes han traicionado mi confianza porque para mi fueron tan importantes que mi ego quiere volverse más pequeño para mi interna y aclamada reconciliación, me permito brindarle a muchos la oportunidad de entrar a mi mente y combinar con ellos hechos increíbles que quiero compartir porque no soy egoísta, el deseo de que los demás sean felices a base de mi influencia es muy legible ante mis ojos, por ello el resentimiento que he creado a los que más he amado siempre se vuelve presente, por ello mis cartas a veces las quiero tirar lejos de mi mesa y que caigan en un profundo río de fuego, porque no quiero ser bruja, a veces, ni tener tantos poderes, deseo con toda mi alma ser más normal y prepararme para lo que el Grande, el padre que siempre escucho dentro de mi corazón me permita formar parte de su paraíso.

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