jueves, 26 de octubre de 2023

Música y palmas

 


Foto de Kyle Head en Unsplash

Titilean las luces sobre mi cabeza y mi cuerpo vibra al son del jazz antiguo, los reflectores brillan y a los lejos me tiran una sombrilla, la tomo y golpeo una caja negra con lunares abriéndose sorpresivamente. El misterio tras esa caja son las conjeturas de miles de notas musicales repartiéndose sobre cada oyente, un sol sostenido despierta a un trigueño de ojos verdes, toma su violín y de sus manos la magia de la cuerda frotada perfora la zona izquierda del auditorio, suena una trompeta al fondo, y un singular caballero de ojos violetas y una capa bordada con eufenismos de hombres singulares despierta el ruidoso y poderoso estruendo de un si bemol. Sonrío muy alegre mientras de la caja salen pequeñas estrellas enterrándose en damas caucásicas, que toman sus faldas y quieren sentir el swing de sus pies despiertos. Soplo un poco de aire de mis labios para regenerar el espacio con vientos de compases florales, lo que sé hacer mejor, cantar con registros contra altos y sopranos sin incovenientes, mi abuela renace en mi voz y le regala a la audiencia los dubidada guardados en reliquias trascendentales, el mundo de la expresión crece y crece, las montañas afuera del techo que nos consume hace brillar el exterior con el imponente miedo de la naturaleza recibiendo de cada teatro el reflejo de artistas respetando los dictatamientos de Dioniso. 


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