Me acerqué a mi mesita de noche para sacar mi vieja cámara de grabación, tenía pensado guardar alguno de los videos en mi computadora para hacer un repertorio de recuerdos familiares del año con mi familia. Se cayó mi micro SD al lado de mi viejo zapato deportivo, me agaché para recoger la tarjeta que con torpeza la desvié con mi pie debajo de la cama, cuando palpé el piso buscándola sentí un tacto frío de una hoja de fotografía. Tomé la fotografía y la miré, era una foto de la cena de despedida que tuve con los viejos amigos de Martin, me senté en la cama para observar detenidamente la fotografía, mi cabello estaba corto aquellos días ya que había obtenido un nuevo trabajo como asesora y no tenía tiempo de ir al estilista, a mi lado estaba Damian con sus típicos ojos melancólicos y la tragedia detrás de su mirada constante. Me hice su amiga más íntima aquellos días, era la única a la que le contaba aquellos temibles secretos que le causaban miedo todas las noches, y me di cuenta que tan típico de mi andar, me alejé aquellos días porque necesitaba tiempo para reorganizar mi vida, así que perdí completamente su contacto. Me puse a buscar en mi librero una agenda donde solía guardar los números de muchos de mis conocidos, usaba el método tradicional porque solía ser algo despistada para almacenar contactos por smartphone, olvidaba sus nombres o apellidos fácilmente. Busqué en mi lista por la letra D y finalmente lo encontré entre los primeros números, lo almacené en mi nuevo teléfono para contactarle apenas tuviera un tiempo esta noche. Recuerdo que siempre lloraba un poco cuando hablábamos en mi edifico, me decía que estaba cansado, pero yo no hallaba como consolarle así que lo invitaba a comer cuando mi madre preparaba algún platillo. Bajé las escaleras hasta la sala de estar para buscar mi laptop y me detuve un momento para recordar una vieja foto que guardé hace unos años en mi carpeta de recuerdos de Navidad. Encendí mi laptop y busqué en mi escritorio esa vieja foto que tomé el día que hice un seminario en una Iglesia de la zona. Ahí la encontré, era Lisa la vieja novia de Damian sonriendo muy alegre después de haber hecho unas alabanzas en un concierto con su banda y ahí también estaba él sosteniendo sus baquetas con mucha alegría, era el único medio de drenaje, me comentaba, donde liberaba todos los nervios con compases rítmicos. Terminaron después de una fuerte pelea que tuvieron porque su padre estaba cansado de ver a Damian comportándose de forma poco amable con Lisa y por ello hubo una fuerte discusión un día que la acompañó a su casa. Lisa solía darme clases de solfeo aquellos días y en momentos de descanso siempre me comentaba lo difícil que era su relación, tanto que ni Dios veía como ayudarles. Ahí me detuve un momento a pensar que cuando hay un final siempre hay un nuevo comienzo ya sea bueno o malo, pero siempre hay un comienzo después de una pérdida. No era repentino ese pensamiento ya que me venía aquejando unas horas después de haber perdido mi empleo en mi primera tienda de comestibles. Dejar ir es tan difícil como sostener, pero un viejo amigo siempre necesita alguna confidencia que derramar sobre otros hombros y consolarse, tomé mi teléfono para marcarle, creo que es un vestigio el haber encontrado esa fotografía debajo de mi cama.
Foto de Luca Bravo en Unsplash

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