martes, 24 de octubre de 2023

Direcciones precisas



El sonido intrínseco de una mente con recuerdos constantes que te crean una realidad que se vive en carne propia para las próximas memorias. La vida es justa con quienes se merece e injusta en el mismo sentido con los que no, a veces injusta con los que merecen y justa con los que no. Un ciclo constante que amerita de estudios continuos de esos psicólogos que duraban noches investigando teorías de nuestros circuitos cerebrales y también despertares durante la meditación de viejos maestros orientales. El oriente y el occidente se mueven distantes, cada uno en su frontera lejana uniéndose a través del interés cultural de viejas vidas o círculos sociales mediáticos, ya sea casual su bajo nivel de expectación por otros en antiguos años de su inicio. El oriente me persigue y a veces quiero salir corriendo de él porque ahora en esta vida soy occidental y el desapego es oportuno; a veces quiero entrar a una iglesia y calmarme pero la furia crece cuando las injusticias que se oscurecieron bajo esos techos se pintan día a día con temibles nuevos barnices, mejor me quedo en los prados lejanos de los Andes de mi niñez, donde vive toda mi familia paterna, y me vuelvo amiga de la cosecha y el pan artesanal, mi hogar no es Francia, aunque me guste su arte, tampoco Japón aunque ame a mi maestro Okada. Mi hogar es la permanencia en el presente continuo de voces que me guían y el singular desapego con los ojos de la mortalidad latente. 

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