Foto de Abbie Bernet en Unsplash
El cuerpo de Lina temblaba cuando escuchaba el llanto perpetuante de una dama de otro portal. Sentía que le pedía auxilio, que era la única capaz de escucharla. En medio de todo ese ruido que percibía cuando estaba sentada frente a la parada de autobus, se detuvo un momento para seguir las indicaciones de la medalla que brillaba cerca de su pecho. Un diamante color turquesa que le obsequió aquel hombre misterioso que la encontró cuando bebía un café cerca de su apartamento. Cada vez que conocía a un nuevo forastero de su libro de vida sentía un nervio singular en su corazón, como si esa persona ya la había encontrado alguna vez. La medalla brillaba y ella escuchaba el interior orquestando varias voces hablando a la vez, cada una emitía palabras distintas pero ella se concentró en una en particular. ''Por favor dale aquella nota que escribí y dejé en mi libro rojo, en el estante blanco de mi vieja casa'' Un poco absorta en el sonido de su voz, cerró sus ojos para concentrarse y crear una imagen mental de esa voz, una imagen borrosa en su mente se fue aclarando haciendo ver a la antigua mujer que vió viajando en tren con ojos llorosos y aspecto cansado, sus ojos estaban tan mates, tan escasos de brillo que supo que su alma estaba a punto de partir. Se colocó los audífonos e inició un viaje hacia la ciudad natal de su madre donde vió a aquella chica de cabello rojizo. Recordando las palabras de su antigua maestra sobre concretar en cada alma que transita por su vida un nuevo souvenir, transmitiendo los mensajes que los espíritus le dictan a través de los portales de comunicación astral para enviar mensajes a sus familiares y amigos. Es un trabajo muy ardúo porque no le permite estar tan atenta a su entorno real, pero a la vez significativo porque siente que muchos en la tierra no han escuchado a algunas personas que partieron de este mundo con mucha tristeza. Vibró el celular que guardó en su bolsillo trasero para leer un mensaje de Ellan.— A Tania no le gustó lo que dijiste en la cena, quedó muy desconcertada—. Lina recordó que fue algo impulsiva al decirle a Tania que no le gustaba la manera en que David la trataba, porque estaba comportándose igual que su padre. Rara vez su instinto fallaba al leer a la gente por eso se lo advirtió, pero nunca sabe cómo decirle a muchos lo que presiente sin que lo tomen como alguna clase de entrometimiento. Guardó el celular, le contestaría más tarde o perdería el tren. Al entrar había un ligero olor a cigarro, un olor familiar para sus fosas nasales, ya que disfrutaba olerlo cuando su tía conversaba con su madre en el balcón de su vieja casa. Se sentó al lado de la ventana, para despejar un poco la mente y descansar un poco, cerrando los ojos aún sabiendo que ahí también le hablarían...

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