Aquellas caricias que me pertenecieron en rondas de vida matutinas, vespertinas y nocturnas se resguardaron una por una en el cofre de mis memorias. El tacto de una piel suave rozando la mía durante mis momentos más melancólicos, cuando mis lágrimas brotaban deslizándose por mis clavículas y con tu mano delgada detenías tu roce justo ahí causándome confort a pesar de mis sentimientos turbulentos. El tiempo es muy valiente al haber creado todos aquellos escenarios de furia y dolor remediable, por el hecho de ser dos almas artísticas deambulando por tierras que nunca se olvidan y son foco de atención para todas las culturas del mundo. Atraemos miradas, tú con tus ojos rasgados, espalda fuerte y mirada profunda; yo con mis largas piernas, ojos brillantes y sonrisa de terciopelo. Muchos celan nuestro encuentro como animales salvajes, frustrados por no haber obtenido del cielo nuestra belleza rejuvenecedora, nuestro encanto particular y la mezcla de luz y oscuridad de nuestra alma opacando tantas personas instrínsecas de sus propios sentimientos absueltos de toda bondad. Fantaseosos como Da Vinci nos movemos conmoviendo los corazones más inimaginables mientras nos abrazamos detrás de las sábadas doradas que esconden nuestras pieles en pasión desenfrenada. ,
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