domingo, 29 de octubre de 2023

La dama dentro del espejo


Foto de Markus Gjengaar en Unsplash

 De un miedo nació una curiosidad y de la curiosidad un miedo, ambos coexistieron en un presente continuo y atestiguaron los espectros de los espejos mientras el cielo se oscurecía en la madrugada, una chica con ojos violetas ingresó en el espejo de plata para entrar al mundo de los no vivos, danzó cerca de las damas de calavera y regó las rosas negras con lágrimas de frustración. Se acostó sobre la tumba de un caballero de la antiguedad, aquel chofer de tren que le enviaba cartas clandestinas, porque sus padres no aceptaban los orígenes de su cuna de plebeyos, solía ir hasta la fuente en la madrugada a su encuentro mientras sus padres dormían y cuando un disparo se acercó hacia ellos una montaña de pesadumbre se lo llevó lentamente, con manos de todos los tamaños colocándolo al fondo de un pozo bajo tierra. Lisa miró hacia ese cielo oscurecido donde Hades tomaba los gigantes monstruos del Tártaro y la hacía testigo del pesar de su amor perdido, siguió regando la tumba con lágrimas de dolor hasta que sus ojos sangraran y se desvaneciera en la tierra de las penumbras. 

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