lunes, 16 de octubre de 2023

Los Andes, memorias de la niñez



Recordar mi niñez es un mundo distinto al de adulta, recuerdo aquellos días en que estuve en los asientos traseros del auto de mis padres, recostada muy parecida a Chihiro, era muy delgada con el cabello siempre recogido en una cola de caballo y sentía un aburrimiento tremendo porque era siempre un viaje de 8 horas desde la Capital hasta los Andes, donde vive toda mi familia paterna. Mis padres todo el tiempo compraban distintos repertorios musicales para colocar en el equipo de sonido de nuestros autos, por ello crecí con un gusto musical muy variado y no me defino ni soy selecta parcial a un sólo género musical, los disfruto todos, por eso para ingresar al conservatorio de música de Caracas no fue un problema, mi personalidad peculiar junto a mi manera de expresarme en la entrevista de ingreso convenció a aquel profesor pianista con aspecto tan bohemio. Volviendo a los Andes, mi abuela con su personalidad tan elegante y fina, las arepas delgadas y crujientes de mi tía, la casa grande, el patio de afuera, el kiosko donde solía comprar siempre dulces con unas monedas, estar ahí era muy reconfortante al igual que el pan andino tan selecto en mi paladar que ni el francés llega a ese nivel de amasado que mis andinos manejan con tanta fluidez. La verdad, aquel pueblo me recuerda mucho a mi lugar actual, los barrios porteños de Buenos Aires, cada vez que camino por Caballito, Palermo o más hacia las afueras como San Isidro, tiene una vista muy similar a Rubio, el pueblo de mis abuelos paternos. Podría decirse que mi esencia andina siempre está presente, mi forma de hablar, mi acento neutro es muy distinto al de los caraqueños, aunque sea mi origen de nacimiento creo que las tierras que mueven mi sangre también hablan por mi y me hacen tener mi forma de ser tan arraigada. Disfrutaba ver el tocadiscos viejo de mi abuela y las mesas antiguas, mi tía la mayor parte del tiempo era ama de casa, arreglaba y limpiaba todo constantemente mientras mi abuela charlaba temas variados con mis padres. Había una heladería, era mi favorita desde niña, se llamaba ''Heladería Amor'' Eran helados muy suaves, cremosos con chispas de chocolate y sirop de fresa. Iba todos los días y me llenaba de gusto el paladar. Lo simple se hace hermoso cuando trae a tu vida buenas memorias, esas que al sentarte en un sofá bebiendo un chocolate caliente hace que tu mente viaje hacia esos días de relajación. Un motivo para seguir cada día es vivir el confort del presente haciendo de las relaciones del mundo un porvenir constante, un pasado amado con un presente inmaculado. Mi sangre andina me respresenta tanto como las otras de mi mestizaje y vivo constantemente con esa conexión paterna, mi abuelo romántico y escritor viendo desde el cielo que su nieta es parecida, algo para agregar en sus conversaciones con todos mis ancestros en la casa de los espíritus. 

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