El árbol que ha plantado en mis raíces ese deseo de renacimiento certero. Deambular de bosque en bosque cerca de confidentes fabulescos, reprimiendo mis sentidos fuertemente porque me siento parte del clan de Dios. Me sugiero más allá de las voces de placer, ruido, gritos y euforia un poco de la serenidad de un lago, donde habitan monstruos que no se condenan dentro de sus impulsos naturales. Aunque me siento luminosa como la luna, el estridente ruido de lo mundano me llama porque la capacidad actoral de mis extremidades no es sutil sino hace mucho ruido. Qué mágico sentir con tan sólo mover mis dedos, qué irónico los que sueñan pero danzan en los valles prohibidos y se dispersan un poco de la eternidad. Qué grato pertenecer a un lugar que me desvía todo el tiempo de antiguos anhelos. Lo digo millones de veces, mi padre celestial es estricto, no es suave conmigo. Renací millones de veces, he sido toda clase de persona, lo justo es estricto pero el pesar de no entenderlo se vuelve una pesadilla. Es magistral la vida, lo siento en mis letras, pero las sonrisas pueden condenarte si no las sabes enunciar en el momento correcto. Me he perdido muchas veces para encontrarme siempre en el mismo espejo, los mismos ojos oscuros y cabello esponjado. A veces cambia de figura aquel rostro simétrico, le salen marcas de rasguños hechas por sus propias uñas, a veces las caricias de protectores las apaciguan. Regerando las marcas punto por punto, el brillo de millones de ojos sigue perpetuándose y no es fácil de detener. Por mucho que haya soñado ser parte de reflectores, conozco el mundo a la perfección, los lobos disfrazados de ovejas y las damas celando el brillo natural de la presencia brillante. Me cansa, por eso escribo y me sumerjo en algún libro en algún café citadino, en silencio y concentrada. Como aquella dama que me relataron alguna vez, que sin darse cuenta la miraban sin parar, yo por el contrario, aunque me de cuenta porque soy intuitiva, quiero dispersarme en la eternidad de mi juventud, sentir en mi paladar cada trozo de comida recibido de los cielos y perpetuar en mi rutina el mundo que aún representa mi linaje, que muy potente sigue brillando detrás de mí, haciéndome dueña de mi propio mundo y mis propios portales.
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