Foto de Ricardo Resende en Unsplash
Una rosa en mi mano se interconectó con mis venas que corrián sangre durante la noche de rojo vivo, mis ojos yacían vacíos e inertes mientras las raíces penetraban lentamente mi cuerpo convirtiéndome en un prado de rosas recién florecido. Acariciaste mis manos mientras mi cuerpo no podía responder y vigilaste el prado bajo mi cabello. Un suave beso se intersectó en mis labios y una espina cerca de mi hombro te pinchó inevitablemente, volteé mis ojos y miré hacia la luna aclamándole una oportunidad mientras mi cuerpo se iba desvaneciendo detrás del prado de rosas.






























