Foto de Ahmet Sali en Unsplash
La nostagia cae desde la montaña más alta y hace su presencia en mi corazón, los recuerdos no suelen ser hastíos sino llenos de historia, vida y preámbulos del alma. Mi voz puede cambiar sus tonos, y subir el trance de la respiración y bajarlo al igual que un instrumento de cuerda frotada, donde el aire sale y entra suavemente y por eso suele acompañar tan bien al piano de cola. El ritmo en que se mueven mis pies es cambiante, puedo hacerte tropezar o andar en mis manos con el vaivén de una melodía, todo depende del impacto que hice en ti. Cuando camino por la vida escucho música con mensajes, vestigios, anuncios o memorias, todo plasmado en aquellos viejos casettes que se convirtieron en eco virtual, he sentido amor, celos, pasión, bronca y tristeza como algo de la vida que conlleva a ser un ser humano. Por eso retrato en las letras la realidad alterna de las fantasías y el piso firme de un descanso ante la realidad. Todo envolviéndote en el mismo eje al que quieres pertenecer o transmutarte a futuro. Las reliquias de las memorias siempre está, me enojo con algunas féminas y empatizo más con la fuerza Yang de hombres cautivos, y a su vez siento más compasión por niños, y jóvenes adultos que aún tienen en sus ojos marcados el dolor de la infancia. Aún me falta fraternizar con féminas, porque no les suelo agradar, me dicen que ellas sienten celos al verme, pero yo creo que he ido más allá, pude haber sido un caballero que jugó con sus corazones perdiéndome en mi propio egoísmo o bien una altanera mujer que hacía sufrir a otras con pretensión y malas intenciones. Pero algo es seguro, ya no soy eso, por ello fraternizar con féminas será un trabajo que me llevará mucho tiempo pero en algún momento lograré mi desapego personal para convertirlo en lo que me interesa, una arma de luz que traspase corazones de todos los géneros y efectúe bajo el cielo terrestre la compasión brindada por mis ancestros.

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