domingo, 12 de noviembre de 2023

Una fría mujer con el corazón caliente

 


He solido navegar en mis propios pensamientos que me llevan a trances imaginativos, ahí me relajo un poco mientrás el café despierta mis articulaciones. Me suelen ver tan fría, como una gata que ignora a los demás y se acuesta a descansar en un acogedor sofá, pero más allá de serlo el corazón siempre permanece tan cálido que cuando me sienten finalmente descubren que esa frialdad es un simple descanso de la monotonía y cierto refugio que uso para alimentar poco a poco mi propia independencia. Gracias a mis abuelos paternos el romance forma parte de mí tan íntegramente que sorprende que alguien de este signo solar y de esta forma de ser tan particular sea amante del romance desde que era tan niña. El romance para mí es algo que acentúa en el corazón de los seres humanos el calor interno, una relajación a los abismos herméticos de los otros, una puerta a las prohibiciones que celan los otros, y simplemente un estado de satisfacción coherente después de tantos ruidos mundanos. Es sutil el camino al que llevo mis letras poco a poco practicando, como moverlas libremente dejando que coexistan unas a otras. Solía leer novelas originales en muchas de mis noches de desvelo, todas en especial para lectoras mujeres. Sin embargo en el romance hay que tratar de equilibrar los deseos masculinos y los femeninos para que la literatura no se dualice hacia un grupo en particular tan firmemente. Por eso descubro poco a poco cuando tanteo mis dedos los millones de deseos que se profezan, viendo en qué momento concreto puede salir a la luz algún verso que conquiste o una prosa que aliente a otros a sentir el regocijo de un protagonismo.

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