Foto de Yana Hurska en Unsplash
Ser el espejo de otro es una tormenta que crece figurando frente a ti los escombros de tu sueño profundo, el que alimentaste con deseos que navegaron cerca de otros corazones que ahora te extrañan porque mi presencia es magnificente. Si soy descendiente de alguna diosa del magnetismo me coloco frente a ella y le suplico que vaya a descansar un poco de toda esa influencia que hace en mi, para regalarle al ambiente un poco de calma, de viento soplando suavemente y de algunos calderos con sopas de antaño visitando a algunos niños pobladores del mundo. Ser mi espejo te llena de anhelos, te llena de incertidumbre, de algunos miedos que pueblas después de haberme visto ilesa ante tu presencia erguida, pues tú tambien fuiste mi espejo y todo lo que veía en ti estaba guardado en mi para salir en algún periodo lunar donde mirase hacia la ventana y que mis ojos cambiaran de forma junto a los lobos que aúllan en la luna llena. Sigues siendo mi espejo, ahora eres mi vulnerabilidad reflejada en el pasado, eres mi dolor reflejado en el antaño y mis recuerdos presentes en tu mirada, te atesoro tanto que el dolor renace junto el amor y el amor junto al dolor en un éxtasis frenético de poesía, y me vuelves a ver mientras yo te miro una vez más.

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