Mi cuerpo atrapado bajo una telaraña negra se consumía lentamente bajo una fuerte presión formada por unas extrañas raíces, tomaban todo mi cuerpo lentamente y yo inerte presenciaba como te acercabas lentamente con los ojos rojos como el fuego alimentándote de mi energía con escandilantes luces color rojo vivo. Me encontraba presa bajo las ramas de esa extraña trampa que adormecía mis piernas y me hacía una fugitiva encerrada bajo el deseo de un alma repleta de curiosidad. Con mis ojos brillantes supliqué que apagaras aquel fuego en tu interior para permitirme acariciar un poco tu rencor, tal vez el principio del fin estaba cerca, pero unos instantes de consuelo me harían una entrada al cielo, un cielo que se alejaba cada vez que recaía en la pena de no cumplir con aquello que querías por verme recatada bajo mi propio velo femenino que ansiaba un poco menos de desvelos. Las risas que emitía se las llevó el viento que volaba lejos de tu trampa y finalmente las raíces se abrían para que me abrazaras una vez más, porque yo sabía que tu no eras él, aquel dolor inconmesurable transformado en resentimiento con brazos potentes bajo el hielo que trataba de apagar las llamas de una trampa oculta.

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