Foto de Dominik Bednarz en Unsplash
Si soy un fantasma navegando por las aguas de la eternidad, viajando por aquellas imágenes mientras mi barco se mueve por la infinita felicidad, observo a aquellos corazones que me pertenecieron como un regalo del cielo que atesoré bajo el calor de mis brazos, mis lágrimas brotaban observando todas esas almas que he amado y de nuevo he atesorado en mi eterno despertar. Cuando deambulaba en el jardín de mi hogar había una rosa con espinas tan fuertes que el cielo la convirtió en una de sus guerreras, había un clavel melancólico con sus hojas verdes alimentando un corazón tan femenino que cantaba con su propia voz frenética, era el eterno sueño de un viaje por la eternidad, un magistral tesoro acompasando las nubes que lentas hacían su vaivén por el cielo, tan lento, tan sereno, simplemente conviviendo con su ser impregnado por los perfumes de su jardín de claveles. Me gusta el blanco de los lirios, ese blanco tan suave con un aroma a cielos descansando sobre mi pecho, volar en un sentimiento que aún permanece a pesar de los vestigios del tiempo y se sigue manifestando sobre el cielo de mi cuerpo transparente, protejo a cada corazón en mis sueños y le permito vivir en brazos de quienes les aman de verdad, porque mi cuerpo en ascenso solo palpita para abrazar a los otros, abrazar a aquellos que son dueños de sus sueños con infinitas voces aclamando sus poderes.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario