Michaela comía una carne de res con papa en el bar de la esquina, había tenido un tedioso día laboral porque su jefe le había exigido una corrección de notas que había dejado por la mitad una compañera que renunció ese día. Exhausta miró el reloj sabiendo que faltaban pocas horas para poder descansar, se miró en el espejo del local y sus ojeras estaban tan pronunciadas que se sentía como un cadáver. Sorbió un poco de jugo de naranja. Las personas del lugar miraban al pequeño escenario del fondo atentas, hablándose unas a otras, ella un poco indiferente, les ignoró para concentrarse en su plato. Escuchó sonar un piano al fondo del lugar, dándole entrada a una suave voz cantando un bolero tan sorpresivo, sintió la voz saliendo del micrófono y se adentró a sus oídos formándole escalofríos, los que le solían dar cuando escuchaba una voz cantar que realmente la cautivara. Miró hacia el escenario y recordó a aquel compañero de su vieja escuela de música cantando en ese lugar. Sorprendida lo escuchó cantar ''Luz de Luna'' de Javier Solis, con una soltura tan increíble que no reconoció su voz de lo diferente que sonaba ahora. Hacía las entradas en los momentos correctos y usaba los melismas y la profundidad de su voz totalmente definida. Había algo en su color distinto, había madurado y ya no se veía igual de tímido que en las clases donde practicaron juntos. Se colocó en el espaldar de la silla con rostro sorprendido, recordando las veces que le comentó que quería participar en algún concurso de canto que solían abrir en la ciudad, pero recordó haberle dicho lo complicado que era acceder al concurso, que incluso acampar para poder tener un turno era muy tedioso. A veces nos comemos los sueños al igual que ella con ese trozo de carne término medio. Y quedan a la mitad como su cocción. Pero nunca es tarde le han dicho, de volver a empezar, aunque vengan desafíos cada vez más potentes, solemos ser más fuertes creando las bases adecuadas y eligiendo el camino que se considera correcto, pero nada se sabe con certeza hasta que se experimenta. Verlo cantar le generó una ligera intuición que le hacía palpitar el corazón, con ganas de abrir el closet con las partituras que estaban hacia el fondo, y no dejar que el viento se las llevara fácilmente esta vez.

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