Foto de Ryan Jacobson en Unsplash
La dama elegante que en silencio observaba a los transeúntes cerca de un café citadino, su maquillaje sencillo y con formas particulares adornaban su rostro simétrico sutilmente generando una atención inmediata en el género masculino. Cuando la vi, me llené de un júbilo interno y pensé en aquella frase que me dijeron ''La belleza de una mujer al adquirir más edad al pasar el tiempo, no se basa en como cuidó exactamente su estética, sino la madurez que formó a través de sus experiencias y crecimiento, lo que reflejará en ella una belleza basada en su madurez'' Lo he comenzado a notar en mi, que me acerco lentamente a los 30, una edad caracterizada en el fuego femenino y un punto cúspide para atraer con belleza y madurez. Sin embargo vi algo más allá en esa hermosa comensal. Vi ojos algo indiferentes al entorno con pensamientos internos que no permitían a cualquier alma ingresar a sus ideas. Absorta en su esencia al mostrarse, particularmente europea y elegante, pero abstraída de una mundanidad que se notaba por los alrededores bajo arquetipos más comunes. Como observadora siempre capta mi atención la particularidad de una persona que resalta más que el resto por alguna cualidad destacable en su esencia interior. En eso me baso para escribir y son las personas que rondan mi cabeza todo el día formándome historias, historias e historias, ideas, ideas e ideas. Hay una ligera franja entre la realidad y la fantasía que a los escritores nos gusta traspasar, por ese hecho de que necesitamos que el lector pueda conectar con lo que lee, y hacer los personajes lo más real que se pueda es un trabajo arduoso pero hermoso si se practica a través del tiempo. Esa comensal se quedó grabada en mi mente, era una especie de introspección que me hice al observarla, porque sentí que conecté de alguna manera con ella, probablemente ese tipo de mujer que te inspira más que cualquier otra cosa y por ende una de las primeras en mucho tiempo que tuvo la seguridad en su esencia lo suficientemente alta para no verme como una competencia.

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