Su joven piel yacía cansada por aquellas caricias que le profesaron
bajo las noches más sombrías
con delirios nocturnos
de caballeros adoloridos
ansiosos
dementes
sugerentes
y algunos pacientes...
ella veía su retrato marcado por cicatrices del tiempo
su belleza parecía un castigo divino
y a la vez fruto de su poder
como una Malèna
de otra vida
una mujer de casa hechizada
por corazones impremeditados
dóciles y a su vez
imponentes
indescifrables
como el cielo que la ve andar
con un vestido de verano
y tacones de color
con señoras mirándola andar, y
hombres nada cabizbajos viéndola pasear

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