Me acuesto en la tierra mientras las raíces emergen de ella y me envuelven lentamente. He querido formar parte de la tierra, pertenecer a un sueño bajo sus propias raíces, pertenecer a mi propio nacimiento y con hojas que nazcan de mí alimentar a otros corazones. Con mi propio anhelo despierto en la suavidad de mis sábanas blancas dentro del abrazo de un dulce niño, sobre los sueños de miles de personas imaginándome como un distinto deambulante corazón. La calma me la regala la ventana lejos de mi puerta, donde el viento entra y se adentra a mi piel recargándola de regalos del cielo que buscaba debajo de la tierra, donde todo comenzaba una vez más. Me permito sufrir un poco recargando mi energía con los elementos, cuando las otras voces que sienten el pesar de verme distinta, buscan formar parte de mi mundo, alentándome a abrir nuevos portales para que ingresen a mi mesa, donde los platillos que ejecuto saben a hogar, a sueños y fiestas de vidas. Todo comenzó en ese árbol donde renací cuando las raíces crecieron en un fuerte y robusto corazón valiente. Ese que supo cuando le mentían, y también supo cuando había verdades. Este que inconmesurablemente siente dolor y pena pero sigue atento a las felicidades que están al frente, cerca de una luz dorada de un templo añorado, sobre los sueños de sinceras vidas que buscan regenerarme.
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