Foto de John Noonan en Unsplash
La lluvia no cesa el día de hoy y las gotas suenan en los techos repetitivamente, un chocolate caliente, un té o café para acompañar el abrazo cálido de un amor, o el refugio de tu propia intimidad que yace siempre presente en el deseo más profundo de libertad. Tal vez la lluvia limpiaría las asperezas de un pasado olvidado, recordado o que se mantiene presente. Tal vez podremos olvidar o manejar a destiempo nuestros anhelos, probablemente los impulsos sigan latiendo pero la vida sigue lloviendo a cántaros las más obvias razones humanas de pertenecer a un mundo de emociones. Seguir poco a poco andando y respirando sintiendo todo lo que se oculta muy adentro y no es muy provechoso sacar, la vida está establecida por las circunstacias que el tiempo determina, es difícil quedarse completamente silencioso o silenciosa por ello lo mejor siempre será hablar aunque sea un poco. Observar a la gente caminar suele ser una pequeña película donde no es necesario perderse dentro de una pantalla completamente. Hay algo que me resuena, constantemente fraternizando con mi interior en el proceso, y es que permitirse sentir va más allá de solo sentirlo y callar va mas allá de solo callar. Aunque el alma se sienta libre, el mundo sigue poniendo algunas puertas en varias esencias porque el cielo así lo amerita. Oler un recuerdo, pisar un motivo y avanzar con el ahínco de seguir sintiendo es bastante manejable, es parte de conectar con lo humano y aquello que tanto nos pertenece que es nuestra propia vida, conectando, desconectando pero siempre viviendo.

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