En la lejanía la rudeza de tu tacto se convirtió en algo ambiguo
En silencio me resistía a tus potentes caricias
Envolviendo de color carmín el suelo goteante
Brillando más allá de mi lecho estaba la luna
Testigo de tus potentes garras
E inconmensurables tentaciones
Que me hacían rígida y a la vez suave
Un sutil castigo me aclamaba por haberte pertenecido durante tantos años

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