Cautiva bajo brazos del orden no misericordioso me llevé puestas todas mis insinuaciones
con sólo una palabra del oriente aquellos ojos azabaches se abrieron como platos dando entrada a mi dicha eterna
En mi andar el cielo me arropaba con gran intensidad mientras transeúntes cabizbajos rodeaban mis pasos
Siempre me protegiste bajo un cielo caoba, grisáceo o rojo vivo, me viste renacer
Te he escuchado, te he sentido, has estado presente en todo mi camino llevándome al eterno despertar
Con sólo una caricia de mis manos quiero despertar en ti todos tus sueños nuevamente
Hacerte descansar del frío invierno al que te enfrentas en esta dura misión de vivir

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