PREFACIO
Clara observaba desde un punto del salón con un abanico color carmesí
ocultando su rostro ambiguo; caballeros jóvenes, adultos y mayores bailando junto a mujeres la
danza que ornamentaban los músicos a través de instrumentos vivos y rebosantes
de cuerda frotada y viento. Dentro de su mente vacilaciones parloteaban al
observar los hombres y damas de casta alta bailando sobre la alfombra de lino. Todas
sus noches eran libros de autores de magia bajo su sencilla manta de invierno.
Sus 18 años estaban latiendo profundamente a través de sus pesados pies
disfrazados con un tacón de madera.
—Vaya que estoy lejos de casa, enunció en un muy leve susurro— Ansiaba escapar de ese barullo
indeseado y refugiarse en sus pinturas de acuarela plasmadas en sus lienzos
dorados. Giró lentamente agitando su abanico con delicadeza deteniéndose en
consecuencia de un impacto inesperado, su peinado se descolocó de su orden, su
madre se había esforzado bastante en recoger cada uno de sus mechones salvajes,
solo un jalón podía reversar ese hecho.
—Disculpe—. Elevé mi mirada topándome
con unos ojos color azul profundo y lleno de misterios reflejados en un corto lapso
de tiempo al cruzarme con ellos. Me sentí invadida por un ligero escalofrío cuando
me sumergí en ellos, me vi entrando a un portal oscuro e incierto.
—La dicha de tus pies momifican
mis lamentos pequeña doncella— Salí de mi trance e inmediatamente quité mis pies de su zapato. Figuró
una ligera sonrisa junto a una reverencia llevándose su presencia lentamente
detrás del salón, su silueta se alejaba grácilmente y desaparecía arropada por
los invitados, quienes impedían mi más curiosa observación. Mi aliento se había
detenido aquellos segundos preguntándome si mis libros eran torturas hacia mi
imaginación ó esas prosas dignificaban con gran elocuencia la realidad sepultada
bajo este mundo de misterios. De algo estaba segura, aquel presentimiento que
sintió dentro de sus venas no latían por mero nerviosismo. Sólo se hacía
visible sobre su mente que había un portal oculto tras unos ojos similares al
mar oscuro de la ribera, anticipando con solo una mirada mi ingreso al comienzo
de un mundo perdido.

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