martes, 24 de marzo de 2020

Destino de damas superficiales.


Presa de una apariencia exhuberante, mis ojos se vuelven ciegos ante el alma por mero capricho. No como mi antecesor que veía belleza en ojos casi tuertos, piernas poco gráciles y cabello enmarañado como hierba seca. Lamentablemente no desarrollé su romanticismo auténtico. Siendo vigilada constantemente por ojos incapaces de conseguir mi atención. Tanta pretención aguda reflejada sobre mis hombros. Vivir con esa decisión palpita con seguridad entre mis pensamientos. Pero ¿Qué podemos hacer? La vida no es justa para todos, la gracia de la masculinidad esconde un poco de sufrimiento trás de sí, sólo por la arrogancia reflejada por un caballero debido a su atractivo, dueño de la incitación carnal hacia damas singulares. ¿Curioso? Tanta arrogancia en mi corazón, me hace caer inconscientemente dentro de ese mismo hueco. Y me convierto en una de esas damas de cerebro vacío sin rumbo seguro y absoluto. Pero, no seré tan pesimista, soy jóven como la flor recién nacida en la pradera. La madurez de mi corazón se desarrollará con firmeza en mis decisiones. Cierto sentido le da claridez a veces a mi consciencia, de no permitir que un Cuasimodo navegue en sus propios lamentos por no haber sido concedido por la bendición de Afrodita. Única diosa que brinda la belleza y seducción natural a humanos seleccionados.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

El cielo del desasosiego

Foto de Matthew Ansley en Unsplash En un cielo subversivo, se aplacan los sueños de quienes moran en el desasosiego Cuando me resisto ante ...