Palabras selladas en la tierra de fuego describían los conjuros de la
maga nocturna, ahuyentaron los malos espíritus que celaban a los amantes del
norte. Sus pisadas pertenecieron a los recuerdos de nuevos hijos. Sobre su
espalda pesaban viejas memorias, cuando fueron espectadores de ritos creados
por pueblos enemigos para separar a sus padres, quienes eran luchadores de
islas como supremos líderes espirituales. Los espíritus de animales más
virtuosos poseían sus cuerpos y alma desarrollando fuerzas gigantes para
aplacar la ira de los indígenas del sur, vacíos de espíritu pero con grandeza
en anhelos de codicia y poder. Poseer lo ajeno ha sido el deseo más embriagador
de hombres distinguidos por su cruel egoísmo. El humo en el aire se vuelve
pesado para los corazones de viento, ansiando el despertar de la diosa del
agua, única diosa que colma de lluvias el paraíso bajo su terrible invasión.
martes, 3 de marzo de 2020
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