miércoles, 11 de marzo de 2020

Caballero Nocturno



     Caballero de ojos solapados bajo sus misterios de alma. La fuerza de su cuerpo incita al recuerdo, de damas de luz benigna que visitaron sus aposentos lejos de las caóticas fiestas de placeres mundanos. Fiel ciervo de la noche danzó con pasos elegantes haciendo brillar sus ojos color fuego, que se dilataban con lluvia cuando la dama de manos calientes acariciaba su gélida piel translúcida. Su jefe comandaba el antro de los viajeros nocturnos, descubriendo en sus cuevas ocultas el movimiento social de esos años y como los vicios y avaricia humana dominaba sus raíces de vida convirtiéndolas en hierro y heno. Ellos con su poder infrahumano absorbían sus almas cuando alcanzaban el clímax de la oscuridad para encarcelarlos en el frío pozo de almas manipuladas. Su labor era seducir las damas con sueños y esperanzas rotas que bailaban en los burdeles de la ciudad para alimentar el placer de la lujuria suprema de caballeros viciosos y con moral perdida. Nacían de familias pobres con almas perturbadas por su propio resentimiento al mundo, buscaban sobrevivir y poder aplacar el dolor que le produjeron quienes le dieron la vida. Ese profundo rencor convertido en vicio genera en el caballero nocturno más avances para el manejo correcto de su organización clandestina. Se acercaba a la casa de citas más codiciada por los nobles corruptos del pueblo. Cuando vio acercarse una criatura durante su mas fiel adolescencia, con ojos vidriosos. Cabello castaño claro, cuerpo delgado, piel con los dolores y moretones por los pesares de antiguos presagios anunciados en el valle de la mortalidad. Estaba apunto de pisar la puerta de entrada cuando una vibración interna del hombre oscuro palpitó fuertemente dentro de sus entrañas. Con su fuerza sobrehumana hizo vibrar el suelo en contra de los líderes del clan que permitían que el transcurso del tiempo y su destino tuvieran su propia condición de fluidez durante su largo avance, sin impedir el progreso natural de los caminos de vida de cada ser humano. Los ojos de aquella alma femenina se infiltraron en lo más profundo de su inmortalidad. Una emoción que nunca vivió en él, siendo testigo del final de todas las decisiones de damas veteranas de aquel trabajo inicuo. Nunca tuvo el interés de saber cuales eran las primeras condiciones de sus elecciones, él solo era el resultado de sus caminos, y el fin de sus progresos. La pequeña luciérnaga apagada cayó al suelo mientras el caballero nocturno acudía velozmente a su acogida, observó sus ojos cerrarse junto al descenso de una lágrima cayendo de su mejilla tocando su translúcida piel. Aquel hombre inmortal absorto en su propia acción tenía ojos tensos y mirada de absoluta preocupación. Su sangre hervía más de lo normal, el terror de sus venas se hacía presente. El cielo estaba por anunciar su amanecer, cuando finalmente envolvió su capa sobre ellos perdiéndose en el tiempo, desapareciendo hacia un lugar incógnito donde ningún humano y ser inmortal puede anticipar su llegada.

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