Foto de negar gaeini en Unsplash
Los suaves hechizos de la dama nocturna naufragaron en antiguos helechos del forastero más puro. Andaba por la jardinería con sutil ironía dibujando con sus manos el renacimiento de vegetación forjada por el destino. El sueño de aquella dama era encontrarse con un forastero de amplios sentimientos. Realizar un sueño bajo la luna deslumbrante, pertenecer al destino de una eternidad a su lado, vivió sola toda su vida y ansiaba calor masculino. Un sueño que pertenecía a su destino femenino, una realidad adversa al mínimo colirio y sólo austera hacia una conexión absoluta. Conjuró un hechizo sobre los sueños de aquel hombre corpulento, que su amor fuera suyo por una eternidad dorada, robándole a su destino otra predestinación soñada por muy egoísta que fuese. Era la realidad segura de unión con la verdad y el cariño que la magia blanca profesa sin alardes.

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