Mis muñecas atadas bajo sueños varoniles naufragaban en su propio pesar
Un dominio certero inconmensurablemente verdadero
Tus besos perseguían las líneas de mis brazos
Haciéndome retorcerme en ligeras líneas de placer
Me entregué a tu dominio y dejé distante mi suspicacia para regalarte eternos minutos unidos
El cielo veía con rencor y el señor de la noche ahuyentaba las voces del decoro
Mis alas descansan detrás del closet
Y yo solo me entrego al placer

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