Dormida me encontraba cuando tus brazos me tomaron indefensa, a las afueras de la habitación se encontraba mi perdición mientras tu me consolabas, sentí cuando te sentaste para abrirle paso a mis esperanzas.
Me sujeté de tu ausencia cuando fugazmente ya no estabas, en mis adentros sentí miedo porque no sabía que eras tú, inicié mi oración, aquella que te había enamorado, para elevar los bajos espíritus mientras observaba fijamente a un punto de la habitación.
Volviendo a mi soledad y frustración citadina.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario