Foto de Miguel Bruna en Unsplash
En la lluvia de sueños pasados, un remolino de ideas viajaron desde el inicio de mis tiempos de danza y movimiento, canto y escritura, magia y reposo constante. Cuando pertenecí en antiguos tiempos al místico mundo de musas perdidas, mis sueños hicieron la apertura más sublime entre montañas y viejos mares hostiles. Donde semidiosas lloraban la pérdida de tantas dichas que el cielo les prohibía, como en silencio aclamaban a los dioses sus pequeños delirios internos. Suele existir en los corazones humanos la pesadumbre de un arrepentimiento o un viejo deseo que prohibido navegaba de corazón a corazón. En los sueños de viejos niños que inocentes reclamaban a sus antecesores el dolor de un presente cautivo. He soñado millones de eternidades un crecimiento constante de mares de olvido, y una arena de recuerdos que almas humanas tratan de guardar en sus pasadas reencarnaciones, ahí nado y me siento a pensar cuando el presente hace un ruido atormentante y punzante como el chillido de acero mundano.

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