El ruido de una ciudad que perpetua el latido de sus motores desde antiguos tiempos, donde gentes con pesadumbre habita en un asbalto desolado.
Las sonrisas son pequeñas en comparación con las miradas de desdén y desprecio, donde se recuerda siempe antes que nada el dolor que reposa en cada corazón.
No es posible andar sin pensar en un ayer que conmueve sólo a un corazón espiritual, muy en contrario de almas pesadas que habitan en terrores diarios, que reclaman para su espíritu un recibimiento de otros nada merecedor.
No es posible andar en un asfalto deseado por otro sin olvidar el pesado recuerdo que deja en las venas

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