viernes, 19 de julio de 2019

El cielo impide la subversión.


           El azul del cielo penetra mis pupilas, respira dentro de mi energía vital y exhala a través de mi corazón. Recuerdo aves volando cerca de mi ventana, resistiendo su deseo al encarcelamiento, expresando el suave poder y las inocentes imaginaciones dentro de nidos de oro. Me encuentro admirando los colores que Dios creó y manifestó en mi mirada. Manos ostentosas adornan el entorno con material poco sublime pero dentro de su raciocinio importante. Niños juegan, bailan y brincan con la lluvia, navegan dentro de mares de diversión mientras los adultos observan el fruto adorado creado para misiones importantes llevadas a cabo en un cruel mundo egoísta y egocéntrico.


     Dejar mi resentimiento a un lado y olfatear los tesoros terrestres, es mi mecanismo personal de relajación, donde los ritmos y melodías del ambiente manifiestan sus composiciones y disfrazan el dolor en sueños color luna. Puedo estar en contra de muchas cosas, fuera de mi discernimiento espiritual, oponerme como un ángel caído rebelde y quejón. Puedo hacerlo; y lo hago, muy inconscientemente. Pero me detengo solamente a percibir que la oscuridad almacenada en el tiempo realiza el equilibrio natural del universo. Donde convivimos con la verdad, sinceramos nuestros más internos pesares y también felicidades.

         Así que respiro… Observo el cielo, la vegetación, los animales y los humanos. 

       Respiro suavemente, asimilo y acepto con amor los deseos del autoritario cielo 

la sumisa tierra.


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