El azul del cielo penetra mis pupilas, respira dentro de mi energía vital
y exhala a través de mi corazón. Recuerdo aves volando cerca de mi
ventana, resistiendo su deseo al encarcelamiento, expresando el suave poder y
las inocentes imaginaciones dentro de nidos de oro. Me encuentro admirando los
colores que Dios creó y manifestó en mi mirada. Manos ostentosas adornan el
entorno con material poco sublime pero dentro de su raciocinio importante.
Niños juegan, bailan y brincan con la lluvia, navegan dentro de mares de
diversión mientras los adultos observan el fruto adorado creado para misiones
importantes llevadas a cabo en un cruel mundo egoísta y egocéntrico.
Dejar mi resentimiento a un lado y olfatear los tesoros terrestres, es
mi mecanismo personal de relajación, donde los ritmos y melodías del ambiente
manifiestan sus composiciones y disfrazan el dolor en sueños color luna. Puedo
estar en contra de muchas cosas, fuera de mi discernimiento espiritual,
oponerme como un ángel caído rebelde y quejón. Puedo hacerlo; y lo hago, muy
inconscientemente. Pero me detengo solamente a percibir que la oscuridad
almacenada en el tiempo realiza el equilibrio natural del universo. Donde
convivimos con la verdad, sinceramos nuestros más internos pesares y también felicidades.
Así que respiro… Observo el cielo, la vegetación, los
animales y los humanos.
Respiro suavemente, asimilo y acepto con amor los
deseos del autoritario cielo
y la sumisa tierra.

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