Foto de Emilio Garcia en Unsplash
Sentada bajo el brillo de una luz diurna mi piel no cesa en suavizar sus cicatrices, donde un brillo carmesí hizo su aparición varios instantes. En un lecho blanco como la nieve destilo agua color carmín, y desde el cielo se observaba ese intrínseco hecho, viajé de luna en luna topándome con una inimaginada, que desde el inframundo apareció para acariciar mis penas, tal Hades afortunado. Brillé en mi juventud como un sol naciente, el suelo era amigo de mis pasos risueños, me topé con distintas voces y distintos sueños que siguen presentes en mi alma, dibujé en mi habitación varios recuerdos de mis aventuras trazadas por el final de fármacos violentos. Aún así te abrazo y beso todos los días y noches, recordando como nos conocimos en una juventud incandescente.

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