No me sentí enlazada a esos cuerpos con dinamismo aislado,
pensamientos internos corrompidos por sus propios ideales, dogmas dictados por
falsos testimonios. Me siento compenetrada con almas que entrenan, aunque mi
vil pereza trascienda en viajes de tristeza. Motivan con su pureza autónoma,
entrega al creador y magia de constancia firme y próspera. Nuestra esencia como
seres humanos es corrompida fácilmente por los sentimientos contrarios dispuestos
a ser manejados por aquel que recoge escombros aglomerados en un suelo
piadosamente. Tenemos las fortalezas almacenadas internamente abriendo caminos
de ondas y misterios fuertemente predichos, pero somos tan débiles que un
simple susurro oscuro penetra nuestros oídos fácilmente, maneja nuestro cuerpo
débil y ligero; nuestras articulaciones transmiten movimientos impropios de
nuestro corazón fehaciente. La mente se vuelve un hueco de ideas aparentes, y
así vivimos en la plena humanidad, tratando de encontrar el resultado más
limpio posible bajo nubes de desecho acumulándose a través de conexiones
invisibles.
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