domingo, 3 de diciembre de 2023

Arriba de mi techo nocturno

 

Foto de Sašo Tušar en Unsplash

Recuerdo aquella noche en el cuarto pequeño, una madrugada de dolor enmascarado me hizo amiga de un momento nocturno custodiado bajo mi cuarto pequeño, la lámpara de sal comprendía bajo una luz mundana la sensación que vislumbré al asomarme en la ventana y al observar el cielo, la noche embriagadora me manifestó las voces de espíritus de brujas llamándome en mi rotundo silencio. El cielo imponente dentro de unas pequeñas columnas terrestres y el ligero aullido de la noche cuando las ventiscas nocturnas perforaban el interior de la habitación. Aquella noche la sentí como millones de noches más atrás en mi Caracas natal. Pude escuchar un grito de terror de una posible hermosa mujer, muy potente y lejano, parecía una mujer que sufrió y sintió que era la única capaz de escucharla. Pero no me permití oír más su voz para poder descansar. Aún así las brujas daban vueltas encima de mi techo afirmándome que existían, detrás de los ojos de los búhos que andan por el cielo, reposando sus garras sobre plantas de vida. Como una conexión didáctica con ellas sigue presente en mi andar, aunque haya elegido un camino más shintoista, sus leyes están en mi corazón y sus recuerdos pertenecen siempre a mi pasado.


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