miércoles, 30 de agosto de 2023

Vivir





La permanencia que el tiempo me transmite constantemente es sublime. Me dicta diariamente el posible hogar al que perteneceré; el trabajo proactivo de los elementos trabajan sin detenimiento por cada lugar que mi cuerpo desea visitar. Recalco en mi mente cada vez que es posible, la realidad subyacente bajo mis poros. Sentir la comezón gratificante de cada nuevo día, viviendo en conexión con los seres elementales. Aquello que la ciencia quiere plastificar en materia inerte, aquello que ellos quieren registrar como células universales. Y el alma, un estudio tan vacío e imposible de tactar que sólo es de mayor importancia la robótica. Vagamente mi mente titubea, pero el punto sigue ahí, vivir es algo que muchos se niegan a sentir sólo porque crisis políticas y leyes poco pragmáticas se desenvuelven constantemente en un mundo con caos material, equilibrio natural y a su vez colisión de dichos elementos purgandose de temibles atrocidades que los seres humanos cometemos diariamente. Pero el punto sigue ahí. Vivir, aunque el precio de hacerlo sea alto si no se tiene consciencia humana. Saber vivir es algo que nuestros padres intentan enseñarnos desde que estamos aprediendo a caminar en un asfalto absolutamente retratado en el pasado, porque lo digo; pisamos un suelo que ha pertenecido a tantas generaciones olvidadas por nuestro presente individual, que llegamos a ignorar constantemente por donde nuestra sangre a navegado durante millones de eternidades. Pero vivir, como vivieron nuestros antepasados es la clave, aunque tengamos que hacer cambios y la brecha entre el pasado y el presente tenga bastantes vacíos en su historia, y muchos otros lugares del pergamino lleno de distintos hechos que nacieron para existir, en el antes, el ahora y el después.

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