Foto de Alexander Andrews en Unsplash
Acostada en tu regazo me propuse a imaginar el cielo sobre nosotros imponente y oscuro. La noche amiga de mi desvelo me regaló tu compañía que plácidamente perseguía mis instintos, tomé tu rostro para besarte lentamente y viajar al universo al que pertenecemos, me miraste a los ojos y mencionaste...
—Tardaste mucho tiempo
—Es el tiempo en que podía actuar —respondí
Cuando el anochecer me visitaba y las estrellas se convertían en mis amigas, el cielo no compensaba las millones de sensaciones y deseos que sentía por él, haciéndome pertenecer a un millón de estrellas con autonomía propia.



.jpg)



